50 First Dates
¿Se imaginan una situación donde su novia olvidara a diario lo que hicieron por ella y al día siguiente tuvieran que empezar desde cero nuevamente? Tal vez las mujeres suspiren de romanticismo; pero seguramente para los hombres sería una verdadera pesadilla Kafkiana. Pues bien, esta es la premisa que el director Peter Seagal (Nutty Professor II: The Klumps ) ha llevado a la pantalla.
Henry Roth (Adam Sandler) es veterinario en un parque acuático de Hawaii; su vida es prácticamente perfecta; mantiene amoríos fugaces con las guapas turistas, tiene un departamento en el acuario, un pingüino como mascota y un simpático amigo con un ojo de vidrio como confidente (Rob Schneider). Hasta aquí todo funciona de maravilla, hasta que un día y por azar, conoce, desayuna y se enamora de Lucy Whitmore (Drew Barrymore), una dulce chica que a raíz de un accidente automovilístico padece pérdida de memoria a corto plazo; es decir, Lucy puede recordar todo hasta antes de su accidente, pero a partir de ese momento, todo lo que viva en un día lo olvidará después de dormir.
En fines un tanto científicos, la pérdida de memoria a corto plazo no funciona así, sino más bien como algo similar a lo que vimos en Finding Nemo o Memento; no obstante, se trata de una comedia y el padecimiento manejado de esta forma, sirve de marco perfecto para lograr una tierna historia con una pareja que ya nos había demostrado funcionar muy bien en pantalla (The Wedding Singer).
Se trata de una producción ligera y bien realizada con algunos gags bien desarrollados, (nada extraño en una reunión de dos ex-integrantes del clásico televisivo norteamericano Saturday Night Live y las 40 toneladas de carisma de Drew Barrymore). No obstante, su mayor logro es sacar a Adam Sandler de sus papeles de neurótico, para demostrarnos que también puede interpretar roles donde la paciencia, el amor y la dulzura, son la esencia
De este modo, la cinta se centra en lo que debiera ser el verdadero amor, desinteresado, dulce, divertido, intenso y sacrificado a cualquier precio; amores difíciles o casi imposibles de hallar hoy, que pueden disfrutar cada día nuevo como si fuera el primero y que por tal motivo, cuando se ven en pantalla, provocan un deseo reflejo en el espectador.
Se preguntarán cómo es que puede sostenerse un hilo conductor en una cinta romántica donde uno de los enamorados continuamente olvida lo vivido. George Wing, guionista, resuelve bien esta problemática mediante la utilización de un video y un diario que Lucy debe leer cada mañana para poder estar al tanto de su vida. Es este mismo enterarse día a día, del sacrificio continuo que hace no sólo Henry, su novio, sino incluso su hermano y su padre, lo que provocará que Lucy, por amor, tome la decisión de olvidarse de todos (cosa que le llevará una noche) y simplemente se deje vivir (o morir), enfrentando su terrible mal. Es este el climax de la cinta, mas no he de revelarles el desenlace que si bien es Hollywoodesco, no cae en las chorreadas que usualmente el cine de los Ángeles nos suele entregar.
Es definitivamente un intento respetable por llevar al cajón oscuro una idea compleja, pero es esa complejidad traducida a una trama sencilla y elocuente, lo que hace de la película un producto bien realizado, alejado de las sosas cintas de parodia, para centrarla más en un producto por el que definitivamente no duele pagar la entrada.
Una opción divertida para el fin de semana, una buena solución para relajarse y encontrarle sentido a la vida a través del amor y del cine, después de tanta estupidez, terror y guerra alrededor del mundo. Si tan sólo usáramos la cabeza para otras cosas…
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